La fragmentación global

La dimensión macro-global del conflicto actual es relevante para comprender la nueva dinámica del poder, en especial si el conflicto continúa

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Por Philippe Waechter, Economista en Jefe de Ostrum AM

París.- En la semana posterior al inicio del conflicto en Irán, resurgieron también diversos dilemas económicos. Los precios de la energía se elevaron drásticamente, como un recordatorio del alza registrada durante la invasión de Rusia a Ucrania. Destacó de inmediato el riesgo inflacionario que es, en efecto, un riesgo en sí, pero probablemente no de la misma naturaleza que en el 2022.

En particular, la dimensión macro-global del conflicto actual es relevante para comprender la nueva dinámica del poder, en especial si el conflicto continúa.

Fragmentación mundial: el conflicto actual dista de ser unánime. China, Rusia y muchos otros países no coinciden con las intenciones de Israel y Estados Unidos.

De acuerdo con el think tank «Le Grand Continent,» las naciones que expresamente han manifestado su apoyo a la acción israelí-estadounidense representan menos de una cuarta parte del PIB global y solamente un poco más del 8% de la población mundial. La proporción de países que han condenado la operación representa 61.5% del PIB y 73% de la población.

Esta disparidad es bastante evidente y significativa. No podemos sino cuestionar el impacto de esta división en el comercio internacional y en la canalización de recursos dentro de las cadenas de suministro globalizadas.

La consecuencia más duradera de esta fragmentación en la distribución de recursos a nivel mundial será en beneficio del gasto militar. Independientemente del resultado y la duración del conflicto, la participación del gasto en defensa se incrementará en todas partes. La fragmentación del mundo y el surgimiento de nuevas dinámicas de poder son los impulsores de esta tendencia. ¿Quién resultará sacrificado?

Los riesgos para el mercado de la energía, ya que una gran parte del suministro de combustibles fósiles se localiza en el Oriente Medio en momentos en que la producción de Estados Unidos parece estarse volviendo estática.

El asunto del Estrecho de Ormuz se está calentando, pero sobre todo, existen dos dimensiones adicionales a considerar. La dependencia de Europa en combustibles fósiles. Esto conducirá a un escenario que podría asemejarse al de 2022, debido a una insuficiente autonomía energética. El segundo factor es el impacto de los ataques en Venezuela e Irán en el suministro de petróleo a China. Para los estadounidenses este es un efecto conjunto, pero no secundario, de dichos conflictos iniciados por Washington. Esto contribuiría a equilibrar las discusiones, en particular en lo que respecta a las tierras raras.

La dimensión más política, que consiste en el resultado del conflicto y la estabilidad de la región, es la que todo el mundo tiene en mente. En el pasado, todas las operaciones de este tipo en Medio Oriente han terminado en alguna forma de inestabilidad.

El impacto de esta fragmentación en la dinámica monetaria. Esto no significa que la influencia de los bancos centrales va a desaparecer, pero sí que su naturaleza se va a modificar. Cada país va a defender su propia divisa y a su propia región. Este patrón ya va emergiendo. El Banco Central Europeo y el Banco de China no desean que su futuro se vea dictado por la Reserva Federal ni por el Tesoro de Estados Unidos.

Por ahora, la dinámica imperante en la globalización es un recuerdo distante.