Por Philippe Waechter, analista internacional
Ciudad de México.- China se convirtió en el centro de atención de Donald Trump al llegar a la Casa Blanca, con amenazas de sanciones brutales que han pasado a extensiones de plazo para alcanzar un acuerdo comercial y la venta de chips de Nvidia —un activo estratégico de inteligencia artificial— al país asiático, un extraño cambio en la relación de ambas naciones, explicó Philippe Waechter, analista internacional.
El también Economista en Jefe de Ostrum AM destacó que otras señales apuntan en la misma dirección. Tras haber elevado los aranceles hasta 145%, la Casa Blanca dio marcha atrás el 12 de mayo ante la presión de empresas que, al depender de productos importados de China, enfrentaban costos excesivos. Los aranceles se fijaron en 30%.
«Otro aspecto interesante es la ausencia de sanciones, a pesar de que China es el mayor comprador de petróleo ruso. India no gozó de esa flexibilidad y los aranceles a sus productos se elevaron a 50%», recordó Waechter.
El analista afirmó que vale la pena repasar la relación entre ambos países desde el primer mandato de Trump. El informe de David Autor, del MIT, y sus coautores, ayuda a entender el cambio de rumbo observado en Washington.
En 2016, Autor publicó un artículo sobre el China Shock, señalando que el desarrollo del gigante asiático provocó una caída estructural en el empleo industrial en Estados Unidos y una situación precaria en varias regiones. Ese fue un tema central en la campaña presidencial del 2016.
Posteriormente, la competencia china en telecomunicaciones llevó a Trump a prohibir a ZTE y Huawei en el mercado estadounidense. Las sanciones contra China se intensificaron durante la administración Biden para limitar la transferencia tecnológica. En ese contexto se desarrolló la campaña de las últimas elecciones presidenciales en Estados Unidos, con la narrativa de repatriar la producción al país.
«A partir del 20 de enero, podemos identificar dos hitos clave: antes y después del 12 de mayo. De percibirse como un enemigo, China parece haberse convertido en socio obligado. Las empresas estadounidenses han ejercido presión, ya que el desarrollo estadounidense está condicionado por el desempeño de China, no solo en términos de productos, sino especialmente de innovaciones que hoy tienen su origen más en China que en Estados Unidos», detalló el analista.
Otro artículo de David Autor en el New York Times, publicado el 14 de julio, arroja más luz al respecto. Señala que, de 64 tecnologías críticas, Estados Unidos lideraba en 60 entre 2003-2007, mientras que China apenas en tres. En el periodo 2019-2023, China encabezaba 57 y Estados Unidos sólo en siete.
«La nueva industria ya no es la de antes, sino una determinada por el avance de China. El dilema, por lo tanto, se ha invertido. La historia de la relación entre China y Estados Unidos no seguirá un flujo tranquilo, pero ha cambiado de rumbo. Esto no necesariamente es alentador para el resto del mundo, y en particular para Europa, que podría percibirlo como una forma de división global», concluyó Waechter.
































