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El efectivo se resiste a morir… y la banca quiere enterrarlo

Mario Sandoval

En México, hasta el dinero tiene sus tradiciones. Mientras la tecnología financiera promete un mundo sin billetes, millones de mexicanos siguen confiando más en el efectivo que en una aplicación bancaria.

Y no necesariamente por desconocimiento. El efectivo no requiere contraseña, batería, conexión a internet ni autorización de un intermediario. Se acepta en el mercado, en la tienda de la esquina y hasta para comprar las flores del Día de Muertos.

Sin embargo, su predominio tiene costos: dificulta la trazabilidad de las operaciones, aumenta los riesgos de robo, encarece el manejo de recursos y limita el acceso a servicios financieros más sofisticados.

La transformación digital es inevitable. Lo discutible es si estamos construyendo un sistema financiero verdaderamente incluyente o simplemente uno más barato de operar para bancos y empresas tecnológicas.

El efectivo tiene muchos años… pero no se quiere jubilar.

México tiene una economía donde la informalidad laboral supera la mitad de la población ocupada. En ese entorno, el efectivo sigue siendo indispensable para millones de operaciones cotidianas.

La banca tradicional reduce su dependencia de sucursales físicas, mientras las fintech y las plataformas digitales compiten por cuentas, transferencias, tarjetas y créditos de consumo. El negocio está cambiando: menos ventanillas, más aplicaciones; menos atención personal, más algoritmos.

Pero existe una contradicción.

Digitalizar una operación no significa necesariamente incluir financieramente a una persona.

Un comerciante que vende 500 pesos diarios necesita recibir pagos sin comisiones que destruyan su margen. Una trabajadora independiente requiere acreditar ingresos aunque no tenga nómina. Y un adulto mayor necesita utilizar su dinero sin depender de sus hijos o nietos para operar un teléfono.

El sector financiero no puede diseñar sus productos suponiendo que todos sus clientes tienen 30 años de edad, conexión permanente y experiencia digital.
Microfinanzas: ¿inclusión o solamente más créditos?

Las microfinanzas deberían ser protagonistas de esta transformación.

No basta con ofrecer préstamos pequeños mediante una aplicación. Se necesitan cuentas de bajo costo, medios de cobro accesibles, ahorro flexible, microseguros y financiamiento productivo.

Un pequeño negocio necesita cobrar, pagar proveedores, administrar inventarios y construir un historial financiero que le permita crecer.

Las transferencias mediante SPEI, CoDi y DiMo ofrecen infraestructura para reducir la dependencia del efectivo. Pero su aprovechamiento exige aceptación comercial, educación financiera y herramientas sencillas.

El verdadero avance ocurrirá cuando el vendedor del mercado pueda cobrar digitalmente con la misma facilidad con la que hoy recibe un billete de cien pesos.

Y cuando ese registro de operaciones le permita obtener financiamiento razonable, no solamente nuevas ofertas de tarjetas de crédito.

La inclusión financiera no debe medirse por aplicaciones descargadas, sino por personas y negocios que mejoran su capacidad económica.

Los adultos mayores también son clientes

El envejecimiento de la población modificará profundamente el mercado financiero mexicano.

Habrá más personas administrando pensiones, ahorros, patrimonio inmobiliario y gastos médicos durante periodos cada vez más prolongados.

Para ellas, la seguridad será tan importante como la rentabilidad.

Necesitamos aplicaciones con letras legibles, instrucciones comprensibles, autenticación segura y mecanismos sencillos para bloquear operaciones sospechosas.

También hacen falta límites configurables para transferencias, alertas oportunas, atención telefónica eficaz y procedimientos claros para recuperar el acceso a una cuenta.

La biometría puede ayudar, pero no debe convertirse en la única llave del patrimonio de una persona.

Y algo fundamental: la atención humana no puede desaparecer.

Un adulto mayor que pierde su teléfono no debería perder, al mismo tiempo, la posibilidad de disponer de su dinero.

La banca digital necesita canales alternativos de atención, especialmente para resolver fraudes, errores y situaciones de emergencia.
La confianza no se descarga

Reducir al máximo el uso del efectivo puede beneficiar a consumidores, empresas y autoridades. Pero no debe confundirse ese objetivo con imponer una economía exclusivamente digital.

La tecnología necesita competencia, interoperabilidad, costos transparentes y protección efectiva frente al fraude.

También requiere infraestructura que funcione fuera de las grandes ciudades.

Los bancos, las fintech y las entidades de microfinanzas deben comprender que México no es un mercado homogéneo. Las necesidades de Monterrey, Oaxaca, Chiapas o la zona metropolitana de la Ciudad de México son distintas.

El futuro financiero no pertenece necesariamente a quien tenga la aplicación más vistosa, sino a quien combine tecnología, conocimiento del cliente, seguridad y confianza.

El efectivo irá perdiendo protagonismo, pero no morirá por decreto. Morirá lentamente cuando utilizar alternativas digitales resulte más sencillo, seguro y económico.

Y como estamos en vísperas del Día de Muertos, vale cerrar con una calaverita para nuestros banqueros, fintech y demás habitantes del sistema financiero.

Calaverita financiera

La Catrina fue al banco
con su tarjeta y celular,
quería sacar unos pesos
para flores ir a comprar.
El cajero estaba muerto,
la aplicación dejó de funcionar,
y un chatbot muy atento
la invitó a esperar.
Se fue entonces con la fintech,
que le ofreció crédito al instante;
pero al mirar las comisiones
se le cayó hasta el semblante.
Buscó una buena SOFOM
para poder financiar,
y encontró que entre tanto trámite
también había que esperar.
La Muerte sacó sus billetes
y se puso a reflexionar:
Cuando aprendan a dar servicio,
¡entonces me podrán digitalizar!

Feliz Día de Muertos. Y que la transformación financiera no termine enterrando al cliente.