Política Global

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  • El asesinato del extremista Kirk desata cacería de oponentes
  • Trump y su equipo cercano se dan “el derecho” de prohibir criticas
  • Demanda estratosférica contra el NYT, infundir temor a periodistas

Juan Barrera Barrera

¿Quién es el culpable del asesinato del activista político ultraderechista Charlie Kirk?

El joven, de 31 años, representativo del ala más reaccionaria del movimiento ultranacionalista “Volver a Hacer Grande a América” (MAGA por sus siglas en inglés) que encabeza el presidente estadounidense fue víctima de la política de odio que promueve cada vez con mayor fuerza Donald Trump.

Claro que es condenable todo tipo de asesinatos, pero de igual manera es cuestionable la política racista y de odio que promueven líderes mundiales de posiciones extremas como Trump, Benjamín Netanyahu o Javier Milei, expertos en hilvanar discursos que tienden a la polarización política y social. Ahora se añade la promoción a la venganza y la violencia directa como medio exclusivo de quiénes se sienten agraviados, es decir, Trump y su movimiento.

Desde el miércoles de la semana pasada, día del atentado, los mensajes de Donald Trump, de su vicepresidente y seguidores ultras son de amenazas y señalamientos contra personas y organizaciones políticas que ellos consideran de izquierda o comunistas y para ello construyen sobre mentiras y teorías conspirativas escenarios para justificar eventuales acciones violentas contra sus críticos.

Trump justifica la violencia contra oponentes políticos

Estados Unidos atraviesa por una etapa de división y crisis política y social. Trump y la ultraderecha en lugar de relajar la agresividad en el discurso y el ambiente de encono y conflictividad, explotan el asesinato de Kirk con fines políticos, las retóricas en ese sentido se profundizan sumiendo al país en el temor y la desesperanza. Donald Trump ha decidido doblar la apuesta por el terrorismo de Estado e iniciar la cacería de opositores políticos, reales o no, y continuar con mayor saña la persecución de los migrantes.

Han hecho del asesinato de Charlie Kirk el motivo perfecto para seguir sembrando el terror y un aviso de que aquellos que intenten alguna critica serán perseguidos. Trump y sus seguidores están endiosando la figura del joven ultraderechista de quien Trump se ha referido como “un modelo de verdad y libertad.”

Donald Trump y su equipo cercano de colaboradores se han dado el derecho, sin justificación alguna, de intentar vulnerar el derecho de opinión, el derecho a la libre expresión. Nada impide que se cuestione o critique las posiciones ultras de izquierdas o derechas, en este caso de un personaje, Charlie Kirk, que se identificaba con las ideas fascistas y las difundía abiertamente, eso lo había convertido en una de las mentes más afines al presidente Trump y al vicepresidente J.D. Vance.

Venganza frívola contra la prensa crítica

El gobierno trumpista está llegando a los extremos de condenar, reprimir y castigar a quienes no piensen como él y su movimiento fascistoide de raza blanca. El magnate inmobiliario ha demandado al periódico The New York Times, cuatro de sus reporteros y la editorial Penguin Random House nada menos por la estratosférica cantidad de 15 mil millones de dólares por tres artículos, presuntamente difamatorios, que fueron publicados contra el republicano el medio el año pasado, durante la campaña presidencial.

Russ Buettner y Susanne Craig son dos de los reporteros demandados que también son autores del libro “Perdedor Afortunado: Cómo Donald Trump desperdició la fortuna de su padre y creó la ilusión del éxito” que fue publicado el año pasado por la mencionada editorial, que para Trump incluye afirmaciones difamatorias.

El presidente no tiene quién le escriba lo que a él le gusta: que es el personaje más inteligente, el más capaz, el máximo líder global, el más precioso, el político que está poniendo en la cima del mundo a los Estados Unidos. Trump se está convirtiendo en el personaje más odiado del mundo, al lado de Netanyahu. Son dos antilíderes, altamente destructivos, genocidas y gobiernan como dictadores.

La extrema derecha trumpista quiere acallar voces criticas

Trump, que continuamente viola las leyes de su país, ha dicho: “Queremos que todo sea justo; no ha sido justo, y la izquierda radical ha hecho un daño tremendo al país. Pero lo estamos arreglando”. La extrema derecha que ocupa la Casa Blanca se siente con todo derecho de condenar a sus oponentes políticos y justifica la violencia de la derecha contra quienes no coinciden políticamente con él y su movimiento.

La agresividad contra sus oponentes políticos es el estilo de gobernar y de ejercer el poder. La intimidación, el escarnio público (recuerdan la celada que le puso al dirigente ucraniano Volodimir Zelenzki), demandas judiciales y la presión los jueces para conseguir que le den la razón y la venganza, son parte fundamental en su esquema autoritario para castigar a quién o quiénes considera que lo perjudican tanto políticamente como en sus negocios.

Trump, su vicepresidente Vance, la fiscal general Pam Bondi y más, se han convertido en terroristas verbales. Sin base alguna sostienen que las organizaciones demócratas y manifestantes forman parte de una conspiración violenta contra los valores conservadores y el modo de vida estadounidense, otra vez las mentiras trumpiana, basadas en las teorías conspiracionistas.

Sí Trump y sus allegados creen que con amenazas podrán detener los cuestionamientos a su persona, a su movimiento y a Kirk, censurar a la prensa y acallar las voces críticas está totalmente equivocado.