Política Global

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  • El Congreso de EU declara culpable a Trump
  • El mandatario saldrá absuelto y se encamina a la reelección

Juan Barrera Barrera

El miércoles después de una intensa sesión en el Capitolio sucedió lo que ya se esperaba: el presidente Donald Trump fue formalmente acusado de dos cargos; abuso de poder y obstrucción al Congreso, que ameritan su destitución por la Cámara de Representantes.

El primer artículo, el del abuso de poder salió con 230 votos a favor y 197 en contra (195 republicanos y dos demócratas), y el de obstrucción al Congreso con 229 a favor y 198 en contra (tres votos demócratas y una abstención, de legisladores en distritos llamados bisagra donde un voto a favor les puede pasar factura política).

Con ello termina la fase de investigación, audiencias y formulación de cargos que se realizó en la cámara baja durante diez semanas y que estalló en septiembre cuando se descubrió que Trump presionó al gobierno de Ucrania para que iniciara investigaciones contra Joe Biden, precandidato demócrata, y a su hijo Hunter, para favorecerlo políticamente.

Ahora la pelota está en la cancha del Senado en donde el Partido Republicano tiene mayoría y los demócratas, en un gobierno dividido, difícilmente podrán lograr las dos terceras partes (los demócratas tienen 53 de 100 senadores) para declararlo destitución del cargo del presidente de Estados Unidos más racista de los últimos tiempos.

Trump “amenaza para la seguridad de EU”

Nancy Pelosi, presidenta del Congreso, declaró que Trump “no dejó otra opción más que este proceso”. Al abrir el debate sobre el impeachment del presidente de Estados Unidos afirmó que “este presidente es una amenaza constante a nuestra seguridad nacional y a la integridad de nuestras elecciones, la base de nuestra democracia”.

Donald Trump respondió con mentiras, como es su estilo, al acusar a la “izquierda radical demócrata” de querer destituirlo. Visiblemente exaltado se fue al extremo de afirmar que el proceso al que ha sido sometido “es un asalto sobre América y un asalto sobre el Partido Republicano”.

Los republicanos cerraron filas en torno a su líder y descalificaron el proceso “por injusto” y denunciaron que era una “cacería de brujas”, y más que nada “una vendetta política y un golpe de Estado”. La discusión fue tensa y apasionada. En ciertos momentos tanto demócratas como republicanos se desgarraban las vestiduras en sus discursos, pero quedó de manifiesto la histórica autonomía del Congreso con respecto al Ejecutivo a quien se le subrayó que nadie está por encima de la ley.

El mandatario será absuelto, pero le dolió el batazo legislativo

A pesar de que el ultraderechista republicano sabe que será exculpado porque controla al partido y a los legisladores, el golpe político está dado, aunque Trump se quiera mostrar ante su público como un personaje soberbio (desprecia el proceso legislativo al que está sujeto) así ha sido y no dejará de serlo. Ha vivido en el conflicto, lo lleva en la sangre, desde que se instaló en la Casa Blanca. Hay senadores de su formación que no comulgan con él, pero el ambiente electoral los obliga a mantener su apoyo para su reelección.

El impeachment fue ideado por los padres fundadores de los Estados Unidos para destituir a un mandatario por “delitos graves o faltas”, pero los sucesores lo han degradado. En la historia de los Estados Unidos solo tres mandatarios han sido sometidos a proceso de destitución, dos demócratas y un republicano: Andrew Johnson (1868); Bill Clinton (1998) y Donald Trump. En los dos primeros casos los acusados fueron absueltos. Trump también lo será.

Falta esperar si el proceso de impeachment redundará a la baja en la aceptación de Trump en las encuestas electorales o de plano lo reafirmará en la carrera a la reelección, y el impacto que tendrá, cualquiera que sea el resultado, en la relación bilateral con México, ya que la ratificación del T-MEC está sujeto a la agenda legislativa y calendario electoral del vecino del norte.