Ciudad de México.- S&P cambió la perspectiva sobre las calificaciones crediticias de México de estable a negativa.
La modificación refleja el riesgo de una consolidación fiscal muy lenta, debido principalmente al bajo crecimiento económico, lo que resulta en un aumento de la deuda pública mayor de lo esperado y una mayor carga de intereses, según expuso la agencia en un reporte.
Añadió que el previsible y continuo apoyo sustancial a Pemex y a CFE agravaría aún más la rigidez fiscal del país, y que un deterioro inesperado de los estrechos vínculos comerciales y económicos de México con Estados Unidos también podría debilitar la sólida posición externa del país.
En un escenario desfavorable, S&P podría recortar la nota soberana en los próximos 24 meses si el gobierno no reduce sus déficits fiscales de manera oportuna, lo que podría estabilizar y controlar la deuda pública, la carga de intereses y los pasivos contingentes.
La firma también podría rebajar la calificación si reveses inesperados en el comercio y otras relaciones económicas con Estados Unidos socavan la estabilidad económica y debilitan la sólida posición externa de México.
En un escenario alcista, S&P podría revisar la perspectiva a estable en los próximos 24 meses si la implementación efectiva de políticas se traduce en una consolidación fiscal significativa, lo que contribuiría a estabilizar los niveles de deuda y la carga de intereses del gobierno.
Añadió que un repunte en los niveles de inversión del sector privado que impulse el crecimiento económico podría fortalecer la resiliencia económica del país y ayudar a estabilizar las finanzas públicas.
S&P prevé que el déficit público general de México alcance el 4.8% del PIB en 2026, citando una economía débil y los esfuerzos del Gobierno por estabilizar los precios de los combustibles renunciando a recaudar impuestos. La agencia prevé solo una consolidación fiscal gradual a medida que se recupere el crecimiento y se disipen las crisis energéticas.
Se prevé que la deuda pública neta aumente hasta alrededor del 54% del PIB en 2029, desde el 49% en 2025, según S&P.
El cambio de perspectiva implica la posibilidad de recorte en la calificación en los próximos meses, y si se concreta la rebaja, el panorama de México se deterioraría rápidamente, pues el costo de financiamiento subiría, tanto para las empresas como para el gobierno, de acuerdo con Banco Base.
“El riesgo de recorte está latente por el bajo crecimiento económico estructural y la creciente rigidez del gasto público”, expuso.
El grupo financiero recordó que la calificación crediticia establece la capacidad de una empresa o gobierno para cumplir con los pagos de deuda, y el riesgo que implica invertir en ella. Entre más alta sea la calificación, más segura y por lo tanto menos riesgosa.
Además de la calificación, se establece la perspectiva, que implica hacia dónde puede dirigirse la nota en los siguientes años. Una perspectiva negativa implica que la calificación puede ser recortada, es decir empeorar.
Las calificaciones crediticias se clasifican en grado de inversión (que incluye los nodos alto, medio superior y medio inferior) y grado de no inversión (que incluye no inversión especulativa, altamente especulativa, riesgo sustancial, extremadamente especulativa e impago).
Base añadió que la deuda soberana de México tiene actualmente grado de inversión con las tres principales agencias calificadoras de riesgo: S&P, Moody’s y Fitch. Con Moody’s y S&P está a dos nodos de perder el grado de inversión, mientras que con Fitch a un nodo de perderlo.
Explicó que un recorte en calificación crediticia implica un mayor riesgo de impago. Una empresa o gobierno que enfrenta un recorte de nota tendrá que pagar un mayor interés al emitir nueva deuda, por tener un mayor riesgo. Para un gobierno, el mayor riesgo se ve reflejado en salidas de capitales del país, depreciaciones de la divisa y mayor costo de financiamiento.
Hacienda informó en un comunicado que si bien S&P modificó la perspectiva a negativa, la agencia reconoció que México cuenta con fortalezas estructurales relevantes.
“La modificación de la perspectiva refleja la expectativa de la agencia de que el proceso de normalización fiscal podría ser más gradual de lo previsto, en un entorno de moderación del crecimiento económico”, manifestó.
Añadió que la agencia dará seguimiento a la trayectoria de la deuda pública, al costo financiero y al posible impacto fiscal de Pemex y CFE, aunque la calificadora considera que las obligaciones contingentes asociadas a ambas entidades permanecen acotadas.
S&P confirmó las calificaciones soberanas de México a largo plazo en moneda extranjera ‘BBB’ y en moneda local ‘BBB+’.
Además, mantuvo sus calificaciones a corto plazo en ‘A-2’ para el país.
S&P explicó que las calificaciones de México reflejan su marco institucional, que ha fomentado la estabilidad política y los cambios regulares de gobierno durante más de dos décadas, así como políticas fiscales y monetarias prudentes, respaldadas por un régimen de tipo de cambio flotante.
Agregó que años de política monetaria prudente y el crecimiento de los mercados de capitales internos han fortalecido la flexibilidad monetaria del país.
Esos factores han mantenido la confianza de los inversionistas y el acceso del país a los mercados de capitales globales.
La credibilidad del banco central independiente y su capacidad para implementar una política monetaria de metas de inflación desempeñan un papel fundamental en el análisis de la agencia, al igual que la sólida posición externa de México.































