- Escala Trump la retórica amenazante contra México
- Sheinbaum Pardo, evitar la confrontación a toda costa con el sheriff
Juan Barrera Barrera
Al promulgar, este miércoles”, la “Ley Alto al Fentanilo” Donald Trump lanzó que “los salvajes cárteles de la droga y los traficantes criminales tiene un control tremendo sobre México y los políticos y las personas electas”. Esa es la percepción del sheriff del condado sobre México y por ello dijo que “tenemos que hacer algo al respecto, no podemos dejar que eso suceda”.
Hay que tomarse en serio las advertencias de Trump. Lo sucedido a los tres bancos nacionales fue muy significativo y preocupante. La administración supremacista sigue a México con lupa. Acaso el otro latigazo pueda venir por el lado de personajes de la política. A veces las circunstancias domésticas (el caso Tabasco, el edén de Adán, por ejemplo) se alinean con la política trumpiana agresiva.
Carga Trump nuevamente contra México
Por su ADN autoritario, el presidente republicano día tras día le informa al mundo que el derecho internacional, la diplomacia, la cooperación, el diálogo o el multilateralismo son cosa del pasado, son instrumentos que no funcionaron o solo han servido para causarle daño a la máxima potencia mundial. El despótico magnate inmobiliario siente desprecio por el Viejo Orden Mundial, y el sistema neoliberal ha dejado de ser funcional y empuja a la regresión arcaica de ideas supremacistas.
Donald Trump se ha subido al pedestal que lo eleva como el máximo dirigente del movimiento reaccionario mundial. Por sus acciones lo conocemos. Se ha inventado enemigos a modo y seleccionado países para experimentar sus métodos de “negociación” que se basan en el juego de la extorsión cuando anuncia subida en los impuestos a productos importados y al mismo tiempo amenaza con incrementarlos si los países afectados intentan responder en consecuencia. Su discurso amenazante alcanza a las naciones que quieran comerciar con China o los BRICS+.
México, uno de sus socios comerciales, ha sido de los más golpeados por la política fascistoide de Trump. Las redadas indiscriminadas contra los migrantes no solamente mexicanos, sino de todas las nacionalidades para satisfacer a sus bases, es una forma de presionar y provocar al gobierno de Sheinbaum porque, afirma, no ha hecho lo suficiente en detener el tráfico de fentanilo, pero el republicano dice que ha sido demasiado generoso con nosotros.
No perder la cabeza fría
Contrario a las estridencias y políticas demenciales de su homologo, la presidenta Claudia Sheinbaum prefiere ser razonable y antepone la mesura y la prudencia para esquivar los arranques desmesurados. Un error confrontativo podría costarle muy caro al país. El lenguaraz empresario Elon Musk puede dar fe de ello o el colombiano Gustavo Petro.
El mercado estadounidense representa el 80 por ciento de las exportaciones nacionales. La dependencia comercial es muy basta y por lo tanto el grado de vulnerabilidad es de esa magnitud. “No somos piñata de nadie, a México se le respeta”, es una frase de la presidenta Claudia Sheinbaum que a fuerza de repetirse resulta insuficiente para repeler la estrategia autoritaria del vecino hostigador.
La estrategia de Sheinbaum Pardo siempre ha sido la de evitar choques con Donald Trump y preservar que la difícil relación bilateral salga más dañada. Todos los esfuerzos por combatir a las organizaciones criminales y el trasiego de drogas, el fentanilo principalmente, nunca serán suficientes porque el magnate es como un perro que no tiene llenadera. El ultraderechista impone criterios y castigos, tiene el poder para ello.
Pero a veces la cabeza fría se calienta y es lo que la presidenta Sheinbaum tiene que evitar. La conferencia de prensa al lado del cuestionado gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, señalado de estar involucrado en la captura de Ismael el Mayo Zambada, a mismo tiempo acusando a la administración Trump de negociar con narcotraficantes como Ovidio Guzmán y anunciar una demanda contra el abogado de éste que la acusa de ser el brazo político de los capos la hizo caer en la confrontación.
La presidenta no debe responder a todo tipo de ataques, es un terreno muy peligroso y puede poner en riesgo la cabeza fría.





























